Desde la ventana del avión pude ver los primeros paisajes de Marruecos. La primera sensación fue que era un paisaje marrón lo que tenía ante mis ojos, marrón más claro o más oscuro, pero al fin de al cabo, marrón... pero no como los tonos marrones de España en verano que tienen algún trazo de color dorado.
El aeropuerto me pareció pequeño, como de andar por casa, teniendo en cuenta que el Aeropuerto Mohammed V es un aeropuerto Internacional. Me fijé en que en el suelo de la terminal había una línea azul y una línea roja, una para que la siguieran los pasajeros en tránsito, y otra para que la siguieran los pasajeros que tienen por destino final Casablanca. Desde que salí del avión hasta que llegué a la aduana no pasaron ni 5 minutos. Es importante salir de los primeros del avión porque las colas que se forman en el control de pasaportes son de impresión. Cuando yo llegué por primera vez una persona de seguridad nos hacía dirigirnos hacia la cola que ella quería, a mí me mandó a las colas de la izquierda, muy buenas por la poca gente que tenía delante... hasta que cuando te acercas ves que pone "Pasaportes marroquíes", y ya si te fijas en el pasaporte que tiene en la mano la persona de delante, te das cuenta de que estás en la cola equivocada. Los mostradores para los extranjeros son los de la derecha de la alfombra roja (si, si, alfombra roja que tienen puesta para los diplomáticos y para los que llevan prisa), y no se caracterizan precisamente por su rapidez. Después de unos 30 minutos, conseguí llegar hasta el policía del control de pasaportes; me miró con curiosidad, me preguntó que si era la primera vez que visitaba Marruecos, un par de sellos y pa´dentro. Antes de bajar la escalera que da acceso a la recogida de equipajes, otro señor policia te mira que te hayan puesto bien los sellos (no sé si mira si están derechos o torcidos, pero el caso es que los mira). La zona de recogida de equipajes es la de un aeropuerto antiguo, largas y lentas cintas que intentan transportar a esas maletas con instintos suicidas que se intentar tirar de la cinta ante el mínimo descuido de los operarios del aeropuerto. Me las daba yo felices pensando que si había perdido tanto tiempo en el control de pasaportes al menos la maleta ya estaría esperándome... qué ilusa!. La maleta aún se hizo de rogar otros 20 minutos... pero llegó y llegó en buen estado.
La sala de llegadas se da un aire a la del Aeropuerto de Kuala Lumpur, en el sentido de que la gente se apelotona detrás de unas vallas que bien pudieran ser las de las obras, y apenás te dejan márgen para ver por donde escapar de la marabunta.
Si sales por la puerta de la derecha, donde hay un guarda que observa como sales de la terminal (y que como te descuides no te vuelve a dejar entrar, como le pasó a Edu), puedes ir a los taxis que te llevan hasta la ciudad. Son taxis blancos (grand taxi), modelo mercedes un poco viejos. Por supuesto hay que fijar el precio antes de subirse al taxi, porque si no te puedes encontrar con un precio desorbitado cuando te toque pagar; lo que se considera un precio justo son 250 Dirhams, ahora bien hay que decirselo en francés, que vendría a ser algo así como "dusan secont" y equivale a unos 25€.En mi primer viaje en taxi fui tan bien acompañada y tan entretenida mirando por la ventanilla que no me fije en los pequeños detalles del coche... tapicería, cuentakilómetros que no cuenta kilómetros,... El trayecto desde el aeropuerto hasta la ciudad toma unos 45 minutos, el Aeropuerto Internacional Mohammed V está a las afueras de Casablanca porque ya tuvieron la experiencia de lo que es quedarse pequeño un aeropuerto (Aeropuerto Casablanca-Anfa) y quedarse metido en la ciudad.
Cuando te vas aproximando a la ciudad empiezas a ver las peculiaridades del tráfico y de la manera de conducir local... caótica donde el sistema de comunicación es el pito del coche y en su defecto los improperios entre los conductores. Si ya te fijas aún más verás como no hay coche que no tenga arañazos de uno u otro tipo.
Al fin llegamos al hotel Idou Anfa, en el Boulevard Anfa, punto archiconocido por todos los taxistas. Protegiendo la entrada del hotel, y comiéndose la acera, una serie de pivotes unidos por cordones de gala que intentan dar su toque de distinción. El personal del hotel muy atento, todos te saludan con un Bonjour, aunque si te da por plantearte cosas te das cuenta de que hay un exceso de personal y que muchos de ellos no sabes ni qué función tienen. El Hotel tiene más estrellas de las que tendría un hotel de esas características en España, pero está bien. Habitaciones amplias y limpias, con dos baños, uno con su lavabo, su bidet y su bañera, y el otro con el wc (un poco claustofóbico todo sea dicho).
Dejamos las maletas y nos fuimos a dar un minipaseo...

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